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Lygia Clark: Retrospective, curaduría de Irina Hiebert Grun y Maike Steinkamp

Por primera vez en la historia la Neue Nationalgalerie de Berlín —uno de los íconos arquitectónicos más representativos del siglo XX— realiza una gran retrospectiva dedicada a la artista brasileña Lygia Clark, figura prominente de la vanguardia latinoamericana, que subraya la relevancia histórica y crítica de su obra en la escena internacional. El título de la exposición, Lygia Clark: Retrospective, desplegado en la monumental fachada de vidrio, anticipa ya la experiencia. El atrio, con sus 4200 metros cuadrados delimitados por ventanales de gran formato, se reviste con cortinas blancas y ligeras que envuelven la sala como un capullo protector. Desde lo alto, otras tantas cortinas de un verde profundo descienden hasta el suelo y configuran recorridos y ámbitos íntimos para las obras e instalaciones individuales.

En una de las salas se presentan los Bichos, esculturas móviles de láminas metálicas unidas por bisagras, que Lygia Clark desarrolló entre 1960 y 1963 y definió como unidades orgánicas que revelan su propio ritmo. De ellos la artista escribió: “Un Bicho es un organismo vivo, una obra determinada esencialmente por la acción. Entre usted y el Bicho se establece una interacción total y existencial. En esa relación no hay pasividad por parte de ninguno. Se crea un diálogo de cuerpo a cuerpo entre dos entidades vivas”.2 En Berlín, las piezas originales se exhiben sobre podios, bajo urna de vidrio, mientras que sus réplicas se disponen sobre pedestales encubiertos de tela roja para que el público pueda manipularlas y transformarlas a voluntad. El crítico de arte y comisario británico Guy Brett escribió en su ensayo Lygia Clark: In Search of the Body, publicado en Art in America (julio de 1994): “Los Bichos se sitúan exactamente entre el esquematismo intelectual de la geometría y el pulso de la vida”.

Desde esta interpretación los Bichos articulan la racionalidad constructiva de la geometría y la energía vital del cuerpo. El objeto deja de ser una forma intelectual cerrada para convertirse en un organismo humano que responde al gesto, al tacto y al movimiento del espectador. 

Sin embargo, la trayectoria de Clark no comenzó con el aluminio, las bisagras y la tridimensionalidad, sino con composiciones geométricas que exploraban tensiones entre el interior y el exterior, lo superior y lo inferior, el vacío y la plenitud. Esa experimentación inicial la ejercitó tras formarse en Río de Janeiro en 1947 con el arquitecto y pionero del paisajismo moderno tropical Roberto Burle Marx y con la pintora Zéila Ferreira Salgado; y más tarde en París, en 1950, bajo la enseñanza del pintor y escultor Fernand Léger. Aunque en un primer momento su obra recibió la influencia de Léger, además de las de Wassily Kandinsky y Lyonel Feininger, muy pronto Clark desarrolló un lenguaje propio que la distinguiría en la vanguardia latinoamericana.

Con el descubrimiento de la llamada “línea orgánica” Clark rompió con la superficie pictórica y dio un primer paso fuera del marco. En un texto de 1958 el poeta y crítico brasileño Ferreira Gullar observa que, cuando en 1954 la artista intentó incorporar el marco a la pintura, no sabía quizás que con ello estaba abriendo el camino hacia la disolución del espacio pictórico, para llegar más tarde al redescubrimiento de un espacio que ya no estaba separado de la vida, sino que colindaba directamente con ella: permeable, penetrante y receptivo al mismo tiempo. Con este “acto pictórico” Clark se distanció de la rigidez racional del arte concreto y, junto con Hélio Oiticica, se convirtió en una de las figuras centrales del neoconcretismo, un movimiento que celebraba lo imperfecto, lo sensible, lo poético, y que situaba la experiencia física y la participación activa del público en el centro de la práctica artística.

En una de las etapas posteriores de su producción Clark exploró materiales como la tela, la goma, las plumas y las piedras, convocando al público a originar conjuntamente una experiencia estética y corporal integral. En la sala expositiva de la Neue Nationalgalerie esta intención se hace tangible: los visitantes se prueban enterizos, cortan papel y palpan máscaras, tubos corrugados u objetos oculares. De este modo, Clark demuestra su extraordinario aporte a la historia del arte contemporáneo: al ampliar la primacía de lo visual hacia otras dimensiones sensoriales —el tacto, el oído, el olfato o incluso el gusto—, Clark transformó radicalmente la relación entre obra y espectador. El público, antes concebido como observador pasivo, se convierte en agente activo de una experiencia artística subjetiva, donde el cuerpo y la percepción ocupan el centro del acontecimiento estético.

En la fase final de su carrera la artista desarrolló un enfoque terapéutico centrado en el cuerpo; sus objetos artísticos funcionaban ahora como mediadores y el arte y la arquitectura llegaban a fusionarse en una experiencia unitaria.

 
Presentada en la edificación de Mies van der Rohe, la obra de Lygia Clark entabla un diálogo con la concepción espacial del arquitecto: un campo abierto donde la materia y el espacio fluyen entre sí. Ese intercambio se vuelve particularmente legible en Caminhando (1963). La obra se activa cuando el visitante toma una tira de papel, la gira una vez y une los extremos para formar una cinta de Möbius —figura topológica de continuidad infinita—; luego, con tijeras, la corta a lo largo sin llegar a separarla por completo. Clark entiende Caminhando como una propuesta: “El gesto artístico reside en proporcionar instrucciones y trasladar la forma al proceso corporal del participante”.3

Por su parte, la arquitectura de Mies —el “espacio universal” de una sala diáfana bajo cubierta “flotante” y cerramientos transparentes— busca establecer una continuidad visual desde el interior hacia el exterior y, recíprocamente, atraer la mirada y el tránsito de afuera hacia adentro. En este marco, Caminhando hace palpable una afinidad profunda: así como la Möbius desactiva binarismos (anverso/reverso, izquierda/derecha), la sala miesiana suspende oposiciones entre adentro/afuera, proponiendo un espacio continuo en el que el recorrido se convierte en pensamiento material. En ambos casos, la experiencia no se limita a habitar un contenedor, sino que produce espacio mediante acción, percepción y materia.

Aquí resulta iluminador recordar a Yi-Fu Tuan, quien nos menciona en su texto Space and Place: The Perspective of Experience que el espacio es libertad y el lugar es seguridad: estamos apegados a uno y anhelamos el otro. “No hay lugar como el hogar”, escribe, y ese hogar puede ser la casa familiar, el barrio de infancia, la ciudad natal o la patria. En un tiempo en el que se interroga constantemente la función del museo y del arte, cabe preguntarse si el museo puede transformar el espacio en lugar. La obra de Clark se muestra hoy más actual que nunca precisamente porque nos invita a experimentar el arte en un espacio convertido en lugar, un ámbito que nos ofrece seguridad a la vez que abre posibilidades para la libertad sensorial y existencial.

La retrospectiva reúne alrededor de 120 préstamos procedentes de colecciones privadas y museos internacionales —entre ellos la Pinacoteca do Estado de São Paulo, el Museu de Arte Moderna de Río de Janeiro, el Museum of Modern Art y la Cisneros Collection de Nueva York— y se ha realizado en colaboración con la Kunsthaus Zürich, donde podrá verse desde el otoño de 2025 hasta la primavera de 2026.

Un ciclo de actividades educativas, lecturas, performances, conciertos y un simposio acompaña la exposición. Lygia Clark: Retrospective se alinea con una orientación programática que impulsa la visibilidad de prácticas artísticas desde América Latina. Klaus Biesenbach, director de la Neue Nationalgalerie, lo sintetiza así: “Nos interesa fortalecer la presencia de artistas del Sur Global; Sudamérica es relevante por sus vínculos históricos con Europa y con nuestra colección”.

  1. Fundadora y directora de B26 ART FROM LATIN AMERICA, Alemania. ↩︎
  2. “Lygia Clark. Bichos”, in: 29 Esculturas de Lygia Clark, Ausst.-Kat. Rio de Janeiro, Galeria Bonino, 12.10.-29.10.1960, Rio de Janeiro 1960; abgedruckt auf Deutsch in: Ausst.-Kat. Berlin 2010 (wie Anm. 2), S. 174. Del alemán al español por Claudia Zea-Schmidt. ↩︎
  3. Sarah Hampel, Biografie Lygia Clark. Del catálogo Lygia Clark Retrospective, Neue Nationalgalerie, Stiftung Preußischer Kulturbesitz 23. Mai. Bis 12. Oktober 2025. Kunsthaus Zürich 14. November 2025 bis 8. März 2026. S. 253. Del alemán al español por Claudia Zea-Schmidt. ↩︎