✴︎

El solar de los curubos. Una arqueología de las plantas en la Bogotá republicana

El solar de los curubos de Felipe Gaitán y Daniela Trujillo Hassan ha sido el último encuentro con una Bogotá aún desconocida para mí y que, gracias a esta íntima historia, siento ahora más familiar. El libro, una obra híbrida e innovadora que no pierde por ello el rigor científico, es una conjugación narrativa de la historia, la arqueología y la

ficción. El libro, concebido como una obra de divulgación científica, le abre un espacio a la ilustración visual y viene acompañado de un pódcast, con una magistral fluidez literaria y una rigurosa metodología de análisis arqueológico, tomando cierta distancia de las publicaciones científicas convencionales.

Ubicada en el centro histórico de Bogotá se encuentra Casa Tito, un espacio que resguardó en su interior un jardín doméstico del siglo XIX. Gracias a un arduo proceso de investigación arqueológica urbana sabemos ahora que fue este un espacio de gran actividad, un jardín en el que se ha hallado una gran diversidad de restos botánicos típicos de la gastronomía de la Sabana, además de un gran número de vestigios materiales que encendieron el interés de los investigadores, que han llegado a importantes conclusiones a partir de estos hallazgos. Los avances y resultados de esta investigación fueron publicados por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) en esta obra, que se articula en dos partes. 

Basada en una rigurosa búsqueda de fuentes documentales y el estudio de hechos históricos de una Bogotá en plena transformación, la primera parte de la obra inicia con un relato ficcional y en primera persona de la joven Eufemia Parra. Es a través de Eufemia, quien vivió entre el siglo XIX y el inicio del siglo XX, que nos enteramos del primer encuentro entre la familia Parra Mancilla y el jardín protagonista de esta historia. A través de su relato Eufemia se distrae de un momento trágico recordando sus aventuras de infancia mientras observa la densa vegetación de su jardín, símbolo de una relación íntima con la naturaleza y escenario de un encuentro predilecto con su familia. Como bien describen sus autores, se trata entonces de un “jardín de memoria”, un archivo de emociones que resguardan recuerdos y sensaciones entremezclados con los colores, sabores y olores de los lirios, plantas aromáticas, duraznos y curubos que, gracias a la arqueología, sabemos crecieron allí. Todos estos recuerdos se ven amenazados por la llegada de la modernidad, la energía eléctrica, la instalación de cañerías y una urbanización acelerada que acaba con los huertos y espacios verdes de una Bogotá en apresurado crecimiento. 

En la segunda parte del libro encontramos un resumen general de la investigación, en un interesante cruce de evidencias y relatos multidisciplinarios que dan soporte al hilo narrativo de la historia. A través de un minucioso análisis estratigráfico del suelo del jardín conocemos en detalle el proyecto y las distintas e interesantes lecturas que ofrece cada disciplina mediante el hallazgo de materiales y artefactos arqueológicos, los análisis arqueobotánicos y la investigación documental. Los fragmentos de vajilla inglesa y cerámica indígena, joyería, semillas, huesos de fauna, monedas y pizarrones escolares dan pistas de las distintas etapas de ocupación de la casa y permiten reconstruir la vida cotidiana de la familia Parra Mancilla.

En la esfera de la arqueología urbana, donde tradicionalmente se le da prioridad al estudio arquitectónico, cerámico y de contextos funerarios, este libro se diferencia por el valioso diálogo que entabla con la arqueobotánica y por su propuesta artística. En esta subdisciplina de la arqueología se toman en cuenta múltiples tipos de evidencia (fitolitos, macrorrestos, polen) para elaborar una reconstrucción panorámica muy completa de los saberes sociales y ambientales que se encuentran depositados en estos jardines históricos. Vemos así cómo, en este caso, los antiguos bogotanos se relacionaban con su entorno natural en un ambiente doméstico. Se trata de una perspectiva muy pocas veces vista en estas cronologías y contextos urbanos, pues los estudios arqueológicos suelen considerar estos temas como poco relevantes a la luz del progreso y la modernización, asociando espacios como los jardines domésticos con lugares inertes o vacíos. La aplicación de análisis palinológicos dirigidos por la profesora Catalina González genera una importante discusión al reconstruir un paisaje vegetal con una gran variedad de especies de interés alimenticio, ornamental y medicinal que descubre para el lector el universo rico y variado que se desplegaba al interior de los hogares de una metrópoli en crecimiento.

Trujillo y Gaitán hacen además una propuesta valiosa y original con el fin de utilizar toda esta información que nos da la arqueobotánica para despertar nuestros sentidos y nuestra memoria gustativa y, en especial, olfativa. Este no es un texto que se limita a mostrarnos datos cuantitativos o a explicar la catalogación de los restos botánicos y demás restos arqueológicos. Más bien, los autores nos invitan a reflexionar sobre el modo en que los olores detonan nuestros recuerdos y memorias hasta transportarnos al interior de aquel jardín, junto a Eufemia. Si bien el relato de Eufemia es ficticio, está sólidamente respaldado por los datos de las excavaciones y los documentos de archivo, que se convierten así en una herramienta valiosa al permitir expandir los alcances del estudio. El resultado es un archivo vivo de memoria que podemos visitar y visualizar gracias a los datos documentales y demás evidencias encontradas en esta arqueología de lo cotidiano.

El libro nos permite además comprender cómo los cambios económicos y culturales de una Bogotá en plena modernización afectan la vida cotidiana de esta familia. Los fragmentos de pizarras de juego, vajillas de juguetes y botellas revelan procesos de pérdida de vegetación, comercio exterior e industrialización que transforman la vida doméstica y las dinámicas familiares. El jardín, que fue también un patio de juegos para los niños de la casa, se va fragmentando poco a poco para dar espacio a nuevos sistemas de alcantarillado y espacios de lavado doméstico.

Como herramientas visuales, las ilustraciones e imágenes de Sthefany Vélez y Yessica Acosta fortalecen la línea narrativa del libro y amplifican la experiencia de lectura. Lejos de ser imágenes ornamentales, las ilustraciones permiten acompañar los trabajos de documentación de archivo y de pesquisa arqueológica sin tener que estar en campo con los investigadores. El proceso de divulgación se complementa con un pódcast accesible mediante código QR; en estos seis capítulos no solo se cuenta la historia de Eufemia, sino que es posible escuchar a algunos de los investigadores que hicieron parte de esta investigación.

En suma, El solar de los curubos es una obra íntima que permite conocer una Bogotá que no está en los relatos oficiales. Como arqueólogo y lector extranjero, proveniente de una isla caribeña, este texto me mostró una Bogotá más humana, más allá del cemento o los grandes acontecimientos históricos que moldearon esta ciudad. Este texto reafirma la importancia de la arqueología histórica como instrumento de reconstrucción de la memoria urbana, rescatando las voces que la modernización ha ocultado bajo el pavimento. Es un trabajo de referencia imprescindible en la arqueología urbana colombiana, que logra con brillantez y creatividad darnos un texto de riqueza narrativa y accesible, sin dejar a un lado el rigor científico.

  1. Universitat Autònoma de Barcelona, España. ↩︎