Revelaciones existenciales de la imagen y la materia
Reseña de la exposición Infraleve. Memoria y fragilidad en la obra de Óscar Muñoz
Por: María MArgarita Malagón-Kurka
Este proyecto reúne las voces del artista Óscar Muñoz, de la reseñadora María Margarita Malagón-Kurka, y de los curadores Eugenio Viola y Juaniko Moreno en torno a la exposición Infraleve. Memoria y fragilidad en la obra de Óscar Muñoz presentada en el MAMBO del 27 de junio al 5 de octubre de 2025. A través de entrevistas y registro audiovisual de la muestra, construimos una video-reseña que propone una forma expandida de aproximación crítica.
La decisión de realizar una video-reseña, y no una reseña escrita tradicional, responde a la naturaleza misma de la obra de Muñoz. Debido a que su práctica artística se articula a partir de procesos materiales y temporales, el medio audiovisual resulta especialmente pertinente.
La exposición del MAMBO es una ocasión privilegiada para constatar el carácter meditativo y crítico en torno a la existencia personal y social que las obras de Muñoz comparten con obras de la tradición del arte occidental y no occidental en un contexto contemporáneo secular. Al igual que sus predecesoras, demuestran el valor y la necesidad del arte como realidad reveladora de diferentes dimensiones de la existencia y como mediadora hacia su posible comprensión; del arte como parte de esa pulsión por confrontar la nada y darle un sentido a esa confrontación.
Asimismo, Infraleve permite reconocer continuidades significativas entre obras pertenecientes a momentos distintos dentro de la carrera artística de Óscar Muñoz, incluidos los últimos años, así como miradas e interpretaciones novedosas por su relación y disposición en el espacio del museo.

En este audio escuche a los curadores de la exposición hablar sobre el espacio y el trabajo con el artista para la distribución de las obras.

Muñoz es un artista que compone con imágenes que están al borde del olvido, a partir de sus trazas o residuos. Esta sección de la muestra reúne obras que reflexionan sobre la cotidianidad, ubicuidad y azar que representaba la fotografía análoga a finales del siglo XX.
Obras como Archivo Por Contacto (2007), El puente (2004-2008) o Archivo 4×3 (2013-2017) están compuestas a partir de donaciones de transeúntes y fotografías de desecho, compradas a peso (por el peso del material) a las empresas comerciales de fotografía antes de su cierre definitivo. A partir de montañas de ruido, Muñoz selecciona los flujos, trayectos, coincidencias y contactos sociales que le dan sentido al instante fotográfico.
Al desplegar este archivo multifacético, Muñoz ofrece un retrato histórico y social de la ciudad de Cali, una mirada que no se describe desde la literalidad de un único retrato, sino desde la multiplicidad de anonimatos acumulados a lo largo de los años.
Obras en la sección:
Archivo Por Contacto (2007)
Archivo 4×3 (2013-2017)
El puente (2004-2008)

La fotografía se puede entender como un procedimiento técnico que fija intensidades y ondas de luz en un soporte, ya sea una superficie emulsionada químicamente o el sensor digital de un smartphone. En su trabajo, Muñoz demuestra la manera en que dichos patrones lumínicos se fijan también en soportes inmateriales, como el recuerdo y la memoria.
Fotografía (2025) evoca los recuerdos infantiles del artista al mirar a través de las hojas de los árboles en su casa de infancia. La sutileza e impermanencia de estas imágenes se asemeja a su vez a las fotografías efímeras reveladas por El coleccionista (2016), un personaje que busca darle sentido a oleadas de exposiciones lumínicas que se le escapan de las manos.

Esta sección resalta obras de periodos distintos que constatan la gran influencia que la literatura de ciencia ficción tiene sobre la obra de Oscar Muñoz. Farenheit 451 de Ray Bradbury (1920-2012) y 1984 de George Orwell (1903–1950) son dos clásicos que retratan mundos distópicos, totalitarios, en donde el control de la información estructuran las relaciones sociales e ideales colectivos. Distopía (2014) y Farenheit 451 (2020-2022) son obras tributo a dichas novelas en donde el contenido mismo de los libros se disuelve en el agua o el fuego.
Este conjunto de obras es particularmente relevante en la era contemporánea, en la que el control sobre los discursos y opiniones es álgido, incauto e incesante. En la era de la posverdad se descubren nuevas maneras de diluir la información con estrategias como la saturación y la velocidad de los ciclos de noticias, fenómeno aludido por la obra Doomscroll (2025) en donde reportajes sobre el conflicto armado se disuelven en el olvido con cada movimiento del dedo.
Obras en la sección:
Distopía (2014)
Palimpsesto (2014)
Doomscroll (2025)
Farenheit 451 (2020-2022)

Una parte fundamental de la obra de Oscar Muñoz se desarrolla a partir de su asidua experimentación con técnicas de reproducción gráfica, como la impresión con grabado y serigrafía. Al ensayar con diversos métodos y materialidades, Muñoz reflexiona sobre la doble interpretación de la palabra impresión: por un lado, la consignación de una imagen en un soporte, por otro, la fijación de un recuerdo o sensación en la memoria.
Esta sección reúne Impresiones débiles (2014), Señales de vida (2020) y Lo demás es historia (2025), tres obras compuestas por cientos de imágenes individuales, todas ellas realizadas por medio de acumulación de polvo de carbón. Los niveles variables de firmeza del pigmento presentan imágenes frágiles, que se han aglutinado por medio de capas temporales y materiales, que a su vez refieren a hitos fotográficos e identidades anónimas de la historia visual nacional.
Obras en la sección:
Impresiones débiles (2014)
Señales de vida (2020)
Lo demás es historia (2025)

En la V Bienal de Arte de Bogotá, realizada en el MAMBO en 1996, Oscar Muñoz presentaba su obra Aliento (1995) por primera vez. A partir de allí se ha convertido en una de sus piezas más icónicas, en la que se captura la fragilidad, transitoriedad e infralevedad de la memoria, con un aliento de vida que da forma de manera fugaz a figuras anónimas destinadas al olvido.
La memoria, a su vez, puede interpretarse como un ejercicio de condensación: por la acumulación de gestos e intenciones en torno a una imagen que puede consolidarse de manera colectiva. El desfile de rostros que presenta Proyecto para un memorial (2025) alude a este ejercicio de reconocimiento.
Obras en la sección:
Aliento (1995)
Proyecto para un memorial (2025)


Los monumentos, placas, hitos y demás memoriales son gestos que luchan en contra del olvido. Aunque la mayoría se hacen de granito o metal para luchar en contra de la erosión y del tiempo, tan solo se prolonga levemente un destino inevitable. Oscar Muñoz resuelve luchar en contra de este olvido por la vía inversa, haciendo uso de materiales inherentemente volátiles para intentar que así, en la brevedad de un instante, dichas imágenes se fijen en nuestra psique.
Esta sala reúne una serie de obras en las que la imagen se encuentra en suspensión, en evaporación, en disolución y en precipitación. El agua, como vehículo protagonista de nuestra atmósfera, se convierte en medio y soporte para la aparición momentánea de sombras anónimas.
Obras en la sección:
Cíclope (2011)
Intento del jueves (2003-2020)
Narcisos secos (1995-2009)
Hombre de arena (2006-2009)
Narcisos en proceso (1995-2009)
Intentos 1 y 2 (2002-2019)
Ante la imagen (2009)

Obras
Textos de Juaniko Moreno


Monumento, 2017, Portarretratos de mármol de dimensiones variables sobre soporte de mármol.
El monumento al que hace referencia esta obra es al lugar que ocupa la fotografía en la cotidianidad y en la construcción de la identidad familiar. Aún tras el advenimiento de la fotografía digital, es común para las familias colombianas encontrar repisas, bifés, y multiplicidad de muros que eternalizan, en marcos de estilo y factura variable, los rostros y momentos que componen la memoria del hogar.
Los portarretratos, sin embargo, no guardan la apariencia de ninguna semblanza. Anónimos, fosilizadas, afirmadas por el uso popular y colectivo, capturan en la sublimación de su materia la acumulación del tiempo contra el que usualmente busca luchar la imagen fotográfica


El juego de las probabilidades, 2007-2012, impresión digital sobre papel de algodón.
En esta obra, el acto de autorrepresentación se reflexiona sobre la inestabilidad de la memoria y la fragilidad de la identidad. A partir de seis fotografías de “carnet” tomadas a lo largo de varias décadas para pasaportes, licencias y registros burocráticos, el artista recompone doce imágenes únicas en las que explora la permutación irrepetible del “yo”.
La obra resiste la cronología y la coherencia. Dispuestos sin un orden fijo, los retratos, algunos en blanco y negro, otros en color desvaído, oscilan entre el reconocimiento y la disolución de la identidad. El espectador se enfrenta a un rostro cambiante: a la vez singular y plural, recombinado por el tiempo y el azar.
La memoria, aquí, se traduce en un juego de probabilidades, una constelación de fragmentos que se barajan constantemente y que permanecen eternamente incompletos


Ante la imagen, 2009, grabado sobre espejo.
En este audio escuche al artista hablar de la obra y de la desaparición de la imagen.
En Ante la imagen, Oscar Muñoz revisita el origen de la fotografía para cuestionar su capacidad de preservar la memoria. Sobre la superficie de un espejo común, graba el primer autorretrato fotográfico conocido: el del químico Robert Cornelius, tomado en 1839. Pero, a diferencia del daguerrotipo original, la versión de Muñoz no fija la imagen al soporte, sino que la abre al flujo del tiempo y la erosión.
A medida que los espectadores se acercan, ven su propio reflejo superpuesto al retrato desvanecido de Cornelius. El espejo se convierte en un umbral temporal donde pasado y presente convergen: el rostro del primer hombre fotografiado se fusiona lentamente con el observador vivo. Cada edición, aunque producida en múltiples ejemplares, se altera de forma única por la oxidación y las condiciones atmosféricas. Con el tiempo, la imagen se empaña, corroe y decae, como la memoria misma.

Aliento, 1995, serigrafía sobre discos de acero.
Aliento funciona como un dispositivo sutil de meditación sobre el tenue límite entre la vida y la muerte. La obra consiste en espejos circulares de acero que inicialmente reflejan la propia imagen del espectador, testigos silenciosos de presencia y vitalidad. Sin embargo, con la invitación del artista a exhalar nuestro aliento sobre la superficie, emerge una capa oculta que se revela con la humedad: tenues retratos serigrafiados sobre el vidrio, tomados originalmente de la página de los obituarios.
En este intercambio íntimo, el acto de respirar es una afirmación de la vida, la cual revela de manera momentánea y sutil la memoria de alguien que ya no está. La imagen, efímera y fantasmal, perdura sólo durante el breve lapso de la condensación, para luego desvanecerse nuevamente en la invisibilidad.
Aliento [Breath] fue presentada por primera vez en 1996 en el MAMBO, en el contexto de la V Bienal de Arte de Bogotá. Dicha versión de la Bienal, organizada por invitación directa a participantes destacados de ediciones anteriores, presentó un punto de quiebre con el uso de materialidades no convencionales en el arte contemporáneo.
En este audio, el artista reflexiona sobre cómo la fotografía de retrato es una experiencia de tensión porque trae a alguien que ya no está, lo hace presente ante nosotros, pero al mismo tiempo confirma su ausencia.
Proyecto para un memorial, 2025, 08’30”, videoinstalación monocanal, silente.
Un pequeño proyector arroja fotografías sobre el vértice entre la superficie del agua y una lámina de proyección. El negativo de la imagen se refleja en el líquido, mientras que el positivo se escapa la tira sintética, generando momentos en que su combinación anula la identidad de cada uno de manera fugaz. A medida que la luz incide sobre la superficie, la imagen oscila entre reconocimiento y desaparición: un retrato inestable, de personajes desaparecidos que flotan en el umbral de la memoria y el olvido.


Archivo por contacto, 2007, impresión fotográfica sobre papel.
Desde la década de los cuarenta y hasta finales de los setenta, los “fotocineros” eran personas que se ubicaban en lugares de alto tráfico de la ciudad, fotografiaban a los transeúntes de manera natural y desprevenida, y procedían a entregar un papelito con el que, si quisieran, podrían reclamar la fotografía en la oficina principal tras cancelar el valor de la foto. Con la popularización de las cámaras y rollos fotográficos comerciales esta práctica entró en declive, llevando a que Muñoz comprase, a peso total del material, el remate sin usar que “Instantáneas Panamericanas” tenía antes de su cierre definitivo.
A partir de montañas de material fotográfico, Muñoz centró su investigación en el puente Ortiz de Cali, nodo que conecta el norte con el sur de la ciudad, a manera de un retrato multifacético de la ciudad. Las fotografías, organizadas cronológicamente, dan cuenta de las transformaciones arquitectónicas, composición demográfica y estratos socioeconómicos, en un baile entre observador y observado que habla de las cargas políticas e ideológicas de la imagen.
En esta obra la fotografía emerge como un juego furtivo de miradas, una reconstrucción detectivesca de eventos, un diálogo entre pasado y presente en donde los fotogramas intermedios están ausentes. Es también un retrato colectivo de ciudad que se compone por los encuentros breves y contactos entre transeúntes y obturador.



Archivo por contacto, 2007, impresión fotográfica sobre papel.




Archivo 4 x 3, 2013-2017, recortes de fotografías de pasaporte sobre papel Fabriano 640g.
De manera similar a Archivo por contacto, Muñoz compone en este caso un archivo de imágenes ausentes a partir de elementos a descartar. A lo largo del muro se puede apreciar la monumental escala de la recopilación de los bordes desechados por los estudios fotográficos al imprimir las fotografías de documento que, de manera dogmática, deben encajar el estándar de 4 x 3 centímetros.
La reducida superficie de imagen que contienen estos retazos deja ver, no obstante, la multiplicidad de atuendos, razas y contexturas de estos retratos ausentes. Con esta obra Muñoz reitera su interés por el componente social y popular de la fotografía, invirtiendo su lectura al prestar especial atención a los rastros sutiles de la presencia humana frente al lente.
El puente, 2004-2008, 37’00”, video instalación en 2 canales, silente.
En este audio, la investigadora y reseñadora reflexiona sobre cómo la obra de Muñoz nos confronta con una tensión persistente.
En El Puente, Oscar Muñoz medita sobre la memoria urbana y el paso silencioso del tiempo. Trabajando con el vasto material de Archivo por contacto, Muñoz reanima un paisaje urbano en constante transformación. El video, proyectado en bucle, revela imágenes de figuras anónimas que se deslizan sobre la superficie del río, sobre un paisaje que se ha transformado con el tiempo. Estas imágenes fueron obtenidas a partir de una actividad pública colectiva organizada en el cruce del Puente Ortiz, donde los participantes compartieron sus archivos personales de imágenes históricas tomadas en ese lugar. La doble proyección de memorias personales moviéndose a contracorriente del agua representa una metáfora de la memoria misma, activando una coreografía fantasmal de repetición y retorno donde la presencia efímera de cuerpos, gestos y vestimenta habla de un pasado colectivo que resiste al olvido.
El coleccionista, 2016, 59’18”, video instalación de 5 canales, sonido estéreo.
En este audio escuche cómo los curadores junto con el artista tomaron decisiones de la exposición teniendo en cuenta las características de las obras y el espacio emblemático del MAMBO.
Una figura espectral, parte archivista, parte curador, parte alquimista de la memoria, tamiza incansablemente un archivo visual en constante expansión. Situado en el tenue parpadeo de una proyección, este personaje esquivo reúne y recombina una serie de imágenes: retratos íntimos, figuras históricas, rostros anónimos y ecos mitológicos. Como si realizara un ritual de remembranza, construye un dispositivo mnemónico que no se fija de manera lógica, sino animado por la emoción, la intuición y el olvido.
El acto de coleccionar se convierte aquí en una metáfora de la identidad misma: frágil, porosa, provisional. A través de una coreografía continua de selección y reordenamiento, El coleccionista revela la memoria no como una narrativa lineal, sino como un palimpsesto estratificado y mutable.
Las imágenes se convierten en rastros, y el coleccionista en un guardián fantasmal de aquello que se escapa a través del tiempo. El resultado es una meditación sobre cómo construimos el “yo” a partir de los fragmentos que reunimos, y también de aquellos que dejamos caer.
Distopía, 2014, 14’55”, videoproyección monocanal, sonido.
Las páginas confusas y caótica escritura de letras flotantes que presenta este video provienen de 1984, la novela de ciencia ficción de George Orwell. En ella, Winston Smith, el protagonista, vive en un mundo en donde la información, la historia, la ideología, e inclusive el ocio es controlado por el Gran Hermano, un gobernante sin rostro de poder totalitario. Al hacer referencia a esta figura, Muñoz nos presenta con una reflexión profunda sobre el control de la información y la modulación del pensamiento del que somos sujetos en la sociedad contemporánea.
Este escenario de falta total de libertad y privacidad es caracterizada como una distopía, o representación ficcionada de la sociedad humana que presenta, en su detalle y abstracción, los riesgos del alineamiento ante situaciones actuales de autoritarismo.


Palimpsesto, 2014, impresiones con polvo de carbón sobre papel.
La palabra “palimpsesto”, del griego antiguo “grabar otra vez”, refiere a los pergaminos hechos con piel animal, usados en los monasterios medievales previo a la llegada del papel a occidente. Debido al alto costo y dispendioso proceso de elaboración de cada uno, se solían reutilizar pergaminos viejos tras borrar raspando con una hojilla metálica la información previamente consignada. El resultado era un documento nuevo que aún conservaba trazas de varias versiones anteriores, creando una escritura compuesta de fantasmas y vestigios.
Muñoz hace alusión a esta figura histórica de reescritura en el desarrollo de su técnica de impresión de polvo de carbón sobre papel emulsionado, el cual, al contacto con el agua, desdibuja el texto original dejando como resultado un contenido reescrito por los azares del material.
Esta obra parte de las páginas de 1984, la novela de George Orwell que, de manera premonitoria y visionaria, describió una sociedad distópica de vigilancia absoluta y control autoritario sobre la libertad de expresión.
Doomscroll, 2025, 32’16”, 6 piezas de video monocanal en smartphone, 1080 x 2160 px c/u.
Doomscroll presenta una reflexión del artista sobre los flujos de información y los ciclos de noticias contemporáneos. Si bien las novelas de ciencia ficción de mediados del siglo XX temían un control de información autoritario por una figura autoritaria y anónima, en la actualidad nos encontramos con una realidad en la que la importancia de ciertas noticias se ve anulada por el flujo incesante de eventos, por la celeridad de los acontecimientos, y el ritmo acelerado con el que se olvidan.
Las frases que aparecen de manera fugaz provienen de noticias, libros y diálogos de películas, las cuales resumen, de manera anecdótica y no lineal, varias facetas de la historia política y social del país.
La pieza está concebida especialmente para ser dispuesta en la pantalla de smartphones o teléfonos inteligentes, dispositivos que han sintetizado todas las herramientas necesarias para vivir en la actualidad, que a su vez contienen mecanismos de recompensa diseñados para crear adicción a la dopamina, y algoritmos de recolección de datos omniscientes que se asemejan a versiones miniatura del autoritarismo distópico augurado por Fahrenheit 451 y 1984, novelas referenciadas en las otras obras de esta galería.

Fahrenheit 451, 2020-2022, libro de artista, pirograbado sobre papel, encuadernación rústica, 200 páginas.
Esta obra toma su título de Fahrenheit 451 (1953), una novela distópica del escritor estadounidense Ray Bradbury (1920-2012). La historia se centra en Guy Montag, un bombero cuyo trabajo no consiste en apagar incendios, sino en quemar libros. En esta realidad, la sociedad ha sido consumida por la frivolidad de las pantallas y los programas de televisión interactivos, y los libros son perseguidos por el riesgo que presentan ante la estabilidad y orden social: pensar de manera crítica es un riesgo ante la felicidad que trae la ignorancia. De manera paulatina, el protagonista descubre las estructuras de poder que controlan la información y, de la mano de los “hombres-libro” (personas que memorizan libros enteros para preservarlos en el tiempo), buscan reconstruir un mundo a partir de las cenizas de una sociedad mediática.
El nombre de ambas obras corresponde a la temperatura a la que el papel entra en combustión, 451 grados fahrenheit o 232 grados centígrados. Es también con esta temperatura que Muñoz reproduce una versión alternativa de la novela como pirograbado sobre papel, en donde la materialidad refleja la delgada línea entre información y olvido que transitamos en la sociedad de la información contemporánea.


Impresiones débiles, 2014-15, impresión de polvo de carbón sobre metacrilato.
En Impresiones débiles, Oscar Muñoz evoca la fragilidad fantasmal de la fotografía temprana, la cual técnicamente no podía soportar la exposición a la misma luz que la revelaba, por lo que lentamente se disolvía en la oscuridad. En este sentido, Muñoz reactiva la tensión entre presencia y desaparición, creando delicadas impresiones en serigrafía que oscilan entre lo visible y lo invisible.
Cada imagen de la serie es un extracto ampliado de los libros de historia de Colombia, impregnado de significado histórico. En lugar de reproducir estas imágenes de manera fidedigna, el artista las disuelve parcialmente utilizando un proceso de impresión que suspende polvo de carbón sobre láminas de acrílico. El resultado es un recuerdo sombrío, amenazante y expectante de conflictos históricos que se desvanecen en la opacidad, como si la memoria misma luchara por sostenerse.



Señales de vida, 2020, impresión en polvo sobre papel.
En este audio escuche un comentario del artista acerca de la ilusión del consumo y la posesión de imágenes en el presente.
Esta obra se compone de cien dibujos, casi indistinguibles entre sí, realizados con finas depositaciones de polvo sobre papel. Sobre una diáfana nube de polvo, emerge la siguiente consigna:
“En su protesta contra todo, había empezado algo titánico, ya que el enemigo era mucho más fuerte, y su fracaso había sido tan desgraciado y miserable como todo lo que había emprendido”
La frase y cuadro provienen de las últimas secuencias del filme Señales de vida (1968) de Werner Herzog (1942). El filme sigue a Stroszek (interpretado por Peter Brogle), un soldado alemán enviado a una isla remota a custodiar un cargamento de armas en una fortaleza abandonada. El aislamiento y monotonía a la que se enfrenta hace que el soldado descienda lentamente a la locura. Este ensayo sobre el absurdo de la guerra, el aislamiento y la desesperación, sirven también como metáfora de las gestas y reyertas infructuosas que han caracterizado el conflicto armado en Colombia.
Lo demás es historia, 2025, serigrafía con polvo de carbón sobre distintos tipos de papel.
En este audio escuche al artista hablar sobre cómo Señales de vida (1968), la película de Werner Herzog (1942), lo inspiró a hacer esta obra.
Compuesta por serigrafías superpuestas sobre diversos tipos de papel, Lo demás es historia reúne retratos fragmentados y ecos de la cultura popular. Estas impresiones parecen emerger y desaparecer simultáneamente, suspendidas en un espacio liminal entre la presencia y el borrado.
Cada imagen carga el peso de biografías perdidas y violencia política, aunque ninguna afirma una narrativa definitiva. Las texturas y tonalidades variables de los papeles evocan un archivo en decadencia que revela cómo la memoria colectiva se forma tanto por lo que permanece como por lo que hace falta. Con esta obra, Muñoz explora cómo archivar es, en sí mismo, una forma de olvido.
Cíclope, 2011, 10’55”, video monocanal HD, sonido estéreo.
En Cíclope, el acto de mirar se convierte tanto en sujeto como en superficie de proyección. La pieza se centra en una mano que va sumergiendo fotografías en un remolino de agua que se escapa por un sifón. En vez de aparecer como en el revelado de fotografía análoga, las imágenes desaparecen en el agua y se acumulan para formar un disco negro: el ojo del cíclope.
En esta obra se hace otra referencia a la mitología griega: el Cíclope, un ser gigante con un solo ojo, usualmente asociados a la fuerza bruta y una visión limitada que, en este caso, encarnan la vulnerabilidad de la percepción.
Mientras las imágenes son rápidamente devoradas y escupidas por este ojo metafórico, Muñoz presenta un ejercicio de memoria que refiere al consumo rápido y frívolo de imágenes hoy en la actualidad, en contraste con el proceso artesanal de la fotografía analógica.
En esta sutil coreografía de visibilidad, Muñoz reflexiona sobre la temporalidad de las imágenes, de quienes las crean, y de quienes las presencian.
Intento del jueves, 2003-2020, 03’01”, Videoinstalación monocanal, silente.
En la serie Intentos, Oscar Muñoz transforma la noción de “intento” en una metodología poética que privilegia el proceso sobre la permanencia y el gesto sobre el resultado.
Muñoz explora los límites de la representación y la fragilidad de la memoria. Estos intentos no son fracasos; sino meditaciones sobre la impermanencia.
Materiales como el agua, el polvo, la luz y el calor son elementales, pero íntimamente humanos. Los rostros fugaces, a menudo extraídos de obituarios colombianos, destellan brevemente y desaparecen, evocando la naturaleza transitoria de la vida y la imposibilidad de aprehender el pasado por completo.
En Intento del jueves, Oscar Muñoz conjura un retrato fugaz en la superficie del agua usando polvo de carbón. A medida que las partículas se asientan y dispersan gradualmente, la imagen se disuelve, reflejando la naturaleza esquiva del recuerdo.


Narcisos secos, 1995-2009, polvo de carbón sobre plexiglás.
Esta obra presenta el residuo final de Narcisos en proceso, el autorretrato cambiante e inestable ubicado al otro lado de la sala. El autorretrato del artista sobre la superficie del agua se disuelve, evapora y consolida al fondo del soporte como un velo delicado. Las propias características del artista, las cuales comenzaron claramente definidas, se distorsionan más allá de lo reconocible. Lo que permanece no es el sujeto, sino la imposibilidad de preservarlo totalmente. En esta obra el artista no ofrece el triunfo de la memoria, sino la aceptación de su fragilidad y la aceptación del ser como una agrupación de circunstancias en cambio constante.
Muñoz compone lo que puede ser definido como una muerte doble: la muerte de la imagen y la de su ilusión como superficie bidimensional, a cual no puede permanecer sin transformaciones. A medida que la fase de desintegración se consolida el artista no invita a centrarnos en la permanencia de los rastros finales, sino en la belleza de un proceso invisible y su colapso inevitable.
Hombre de arena, 2006-2009, 22’44”, Video monocanal, sonido estéreo, Moebius Animación.
Adaptado especialmente para las condiciones espaciales del museo, Hombre de arena retrata el esfuerzo de una figura por escapar de la orilla del mar, antes de ser borrado por una ola. Este ejercicio de necedad, persistencia, y obstinación sintetiza la actitud de Muñoz ante la imagen en movimiento.
Siendo una de sus obras tempranas en video, y uno de sus pocos trabajos en animación, esta obra reflexiona sobre la acumulación de tiempo, materia, espacio y esfuerzo. También alude al mito de Sísifo, un rey impío destinado a empujar una roca hasta la cima de una montaña, sólo para que ésta se ruede antes de completar su tarea y condenarlo a repetir esta labor eternamente.
Narcisos en proceso, 1995-2009, polvo de carbón, papel sobre agua y plexiglas.
En estos dos audios, el artista aborda tres ejes fundamentales de su práctica: el tiempo, el retrato y la inestabilidad de la imagen.
La serie Narcisos se origina en un gesto técnico radical: imprimir sobre el agua. Muñoz libera polvo de carbón sobre la superficie de un recipiente poco profundo, donde se forma un autorretrato frágil y fugaz. A medida que el agua se evapora, la imagen se desintegra lentamente hasta que el residuo del carbón queda depositado en fondo, dejando una huella seca y fantasmal de lo que alguna vez existió. En la parte baja del acrílico yace un periódico del día de la realización de la obra, símbolo de la fugacidad de lo cotidiano.
El proceso se desarrolla en tres etapas alegóricas, que reflejan el ciclo de la vida. Narcisos en proceso representa la vitalidad y el florecimiento de la flor, mientras que Narcisos secos muestra el fin inevitable, como testimonio de la naturaleza efímera de la memoria y la imposibilidad de preservar el yo fuera del flujo del tiempo.
La obra se convierte en una meditación sobre la fragilidad del yo reflejado y la transitoriedad de todas las representaciones.
Intentos 1 y 2, 2002-2019, 20’29”, videoinstalación monocanal, silente.
En Intentos 1 y 2, Muñoz se embarca en una tarea sisífica: pintar los retratos de fallecidos anónimos con agua sobre cemento que, al calentarse por el sol, hace que el dibujo se evapore antes de poder completarse. Este acto repetitivo subraya la futilidad de intentar capturar los rastros esquivos de aquellas personas que se han perdido en el tiempo. La fragilidad del gesto de Muñoz contradice la noción tradicional de monumento ya que renuncia a la dureza de un material usualmente utilizado para inmortalizar figuras históricas, y por el contrario abraza la evaporación como una herramienta efectiva para recordar. De esta manera, el artista reflexiona sobre la naturaleza de la vida y el inherente deseo humano por conmemorar.











